El templo de Philae

El templo de Philae

 

Situado en un islote sobre las aguas del Nilo, muy cerca del lago Nasser, se alza uno de los templos más hermosos de la cultura egipcia. Dedicado a la diosa de la fertilidad, su recinto abraza siglos de historia, leyenda y cultura, y hacen de la suya una visita obligatoria.

El templo de Philae, dedicado al culto de Isis y en menor medida de Osiris y Horus, es la última prueba de la existencia de una isla con el mismo nombre, que durante varios siglos sirvió como muestrario de diversos monumentos correspondientes a otras tantas generaciones, periodos e incluso religiones. Se encontraba en el Nilo, a once kilómetros de la ciudad de Asuán, por lo que cuando se construyó la gran presa de la ciudad, entre 1899 y 1902, quedó totalmente sumergida. Fue gracias a la ayuda de la Unesco que cada una de las construcciones fue desmontada y transportada piedra por piedra hasta el islote de Agilkia, que pese a colindar con el lago Nasser, se halla lejos de posibles complicaciones con las aguas del río. Desde entonces, el templo de Philae forma parte del Museo al Aire Libre de Nubia y Asuán, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979 y rebautizado como Monumentos de Nubia de Abú Simbel a Filé.

¿Qué ofrece Philae?

Una definición más correcta del emplazamiento debería sustituir la palabra templo por sistema templario puesto que Philae alberga una serie de construcciones bien diversas en función de los periodos en que fueron erigidas. Se tiene constancia de la existencia de edificaciones desde los tiempos del faraón Keops (correspondientes a la cuarta dinastía), cuando se veneraba al dios Khnom, hasta de Nectanebo I (la dinastía XXX); pero es en la época ptolemaica cuando realmente se empiezan a construir los templos que aún ahora se conservan, siendo naturalmente el de Isis el que se hace con todo el protagonismo. Construido durante el reinado de Ptolomeo II (283 y 246 a.C.) y los dos siglos siguientes, se trata del templo más grande y de mayor importancia, situado en una posición de honor ante la que el resto de edificios (como los templos de Arensnufis o Imhotep) parece rendirle homenaje. La decoración de todos ellos sigue una línea armoniosa al regirse por los mismos principios y normas de gran rigidez, y en conjunto se aprecia fácilmente su vinculación con el resto de monumentos situados a orillas del río.

Un vistazo algo más completo a Philae, permite apreciar una sucesión de columnas que pertenecían al dromos (pasillo de acceso a la cámara mortuoria del faraón) y que dan paso a la imponente puerta de Ptolomeo, llamada así por la figura del mismo que la gobierna. Y ya en el interior del recinto, el vestíbulo de Nectanebo I, la capilla del dios nubio Mandulis, el patio con el mammisi, y el resto de templos además del de Isis, entre los que destaca el de la diosa Hathor (reconocible por sus decoraciones festivas). Además, en la isla se encuentra el Pabellón de Trajano, que construyeron los romanos para rendir culto a los dioses egipcios cuando se apoderaron con el lugar, restos de la biblioteca del templo, y la Estancia Meroítica, con grabados propios de la época.

Historia y mito: la diosa Isis y el culto a su figura

No se puede hablar de un monumento religioso egipcio sin acudir a las apasionantes mitologías que justifican su existencia. En este caso, la protagonista de la función es Isis, diosa de la fertilidad, nacida de la unión del dios del cielo y la de la tierra (Nut y Geb respectivamente) y hermana de Osiris, Nephtis y Seth; los primeros tres representaban el bien en la Tierra, mientras que el último era abanderado del mal. La historia nos dice que Seth, ávido de poder, asesinó a Osiris para poder reinar sobre Egipto, y que Isis se llevó el inerte cuerpo de su hermano al templo de Abidos para resucitarlo. Ahí mantuvieron una relación incestuosa que culminó en el nacimiento de Horus, y que forzó a la primera a refugiarse en la isla de Philae para cuidar de su retoño. Más adelante, Horus desafiaría y vencería a su malvado tío en Edfu, y después se casaría la diosa Hathor que también es venerada en la isla.

Situado en un islote sobre las aguas del Nilo, muy cerca del lago Nasser, se alza uno de los templos más hermosos de la cultura egipcia. Dedicado a la diosa de la fertilidad, su recinto abraza siglos de historia, leyenda y cultura, y hacen de la suya una visita obligatoria.

El templo de Philae, dedicado al culto de Isis y en menor medida de Osiris y Horus, es la última prueba de la existencia de una isla con el mismo nombre, que durante varios siglos sirvió como muestrario de diversos monumentos correspondientes a otras tantas generaciones, periodos e incluso religiones. Se encontraba en el Nilo, a once kilómetros de la ciudad de Asuán, por lo que cuando se construyó la gran presa de la ciudad, entre 1899 y 1902, quedó totalmente sumergida. Fue gracias a la ayuda de la Unesco que cada una de las construcciones fue desmontada y transportada piedra por piedra hasta el islote de Agilkia, que pese a colindar con el lago Nasser, se halla lejos de posibles complicaciones con las aguas del río. Desde entonces, el templo de Philae forma parte del Museo al Aire Libre de Nubia y Asuán, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979 y rebautizado como Monumentos de Nubia de Abú Simbel a Filé.

¿Qué ofrece Philae?

Una definición más correcta del emplazamiento debería sustituir la palabra templo por sistema templario puesto que Philae alberga una serie de construcciones bien diversas en función de los periodos en que fueron erigidas. Se tiene constancia de la existencia de edificaciones desde los tiempos del faraón Keops (correspondientes a la cuarta dinastía), cuando se veneraba al dios Khnom, hasta de Nectanebo I (la dinastía XXX); pero es en la época ptolemaica cuando realmente se empiezan a construir los templos que aún ahora se conservan, siendo naturalmente el de Isis el que se hace con todo el protagonismo. Construido durante el reinado de Ptolomeo II (283 y 246 a.C.) y los dos siglos siguientes, se trata del templo más grande y de mayor importancia, situado en una posición de honor ante la que el resto de edificios (como los templos de Arensnufis o Imhotep) parece rendirle homenaje. La decoración de todos ellos sigue una línea armoniosa al regirse por los mismos principios y normas de gran rigidez, y en conjunto se aprecia fácilmente su vinculación con el resto de monumentos situados a orillas del río.

Un vistazo algo más completo a Philae, permite apreciar una sucesión de columnas que pertenecían al dromos (pasillo de acceso a la cámara mortuoria del faraón) y que dan paso a la imponente puerta de Ptolomeo, llamada así por la figura del mismo que la gobierna. Y ya en el interior del recinto, el vestíbulo de Nectanebo I, la capilla del dios nubio Mandulis, el patio con el mammisi, y el resto de templos además del de Isis, entre los que destaca el de la diosa Hathor (reconocible por sus decoraciones festivas). Además, en la isla se encuentra el Pabellón de Trajano, que construyeron los romanos para rendir culto a los dioses egipcios cuando se apoderaron con el lugar, restos de la biblioteca del templo, y la Estancia Meroítica, con grabados propios de la época.

Historia y mito: la diosa Isis y el culto a su figura

No se puede hablar de un monumento religioso egipcio sin acudir a las apasionantes mitologías que justifican su existencia. En este caso, la protagonista de la función es Isis, diosa de la fertilidad, nacida de la unión del dios del cielo y la de la tierra (Nut y Geb respectivamente) y hermana de Osiris, Nephtis y Seth; los primeros tres representaban el bien en la Tierra, mientras que el último era abanderado del mal. La historia nos dice que Seth, ávido de poder, asesinó a Osiris para poder reinar sobre Egipto, y que Isis se llevó el inerte cuerpo de su hermano al templo de Abidos para resucitarlo. Ahí mantuvieron una relación incestuosa que culminó en el nacimiento de Horus, y que forzó a la primera a refugiarse en la isla de Philae para cuidar de su retoño. Más adelante, Horus desafiaría y vencería a su malvado tío en Edfu, y después se casaría la diosa Hathor que también es venerada en la isla.

 

 

 

 

 

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