Essaouira

Essaouira

Essaouira es una preciosa ciudad amurallada del siglo XVIII. La antigua Mogador fue fundada en el siglo VII a.C. bajo el reinado de Jubal II, rey de Mauritania, y estuvo habitada por las tribus de Hahah y Chiadma. De origen cartaginés, fue ocupada por los griegos y por los portugueses, quienes dieron nombre a la ciudad y la desarrollaron urbanísticamente. En el siglo XVIII fue conquistada por los musulmanes, quienes le dieron su nombre actual. Allí tuvieron mucha importancia los judíos, que favorecieron el desarrollo de la artesanía y el comercio.

La parte moderna de la ciudad se remonta al año 1765, cuando el Sultán Si Mohammed Ben Abdellah la creó para competir con Agadir. Este encantador puerto, resguardado por unas sólidas murallas con vistas a una paradisíaca playa, da vida a una ciudad de una intensa vida comercial de la que no han podido retraerse personalidades de la talla del escritor Paul Claudel o el cineasta Orson Welles, que filmó en este lugar los exteriores de su popular Otelo.
Esta bella ciudad, con fama de ser la elegida por poetas y bohemios, es un lugar ideal para vivir, con una agradable temperatura media durante todo el año. Su playa se extiende sobre 6 kilómetros de arena fina y es frecuentemente visitada por los amantes de la pesca, ya que sus aguas son ricas en cangrejos, langostas, congrios y rayas, entre otras especies. Es una de las pocas ciudades que fue hecha sobre plano, por lo que recorrer sus zocos es bastante fácil. Destaca el Zoco de los Ebanistas, dedicado al cedro y la tuya, donde comprar un mueble o un tablero de ajedrez. Si desea comprar joyería, en la calle Sidi Mohammed Ben Abdallah encontrará las mejores muestras.
En primavera se celebra el Moussem de los Regragua, que consta de una peregrinación al monte Hadid. Es una de las fiestas más famosas de Marruecos. Allí se pasa por las tumbas de los Siete Santones, que fueron compañeros de Mahoma.

Lo que no puede perderse

Puerto
Está situado en el extremo de la playa y es todo un espectáculo contemplar los barcos y las redes dispuestos en los muelles. La Puerta de la Marina, erigida durante el sultanato alauita a finales del siglo XII, une los muelles de embarque del puerto y la ciudad. Desde esta puerta se llega, a través de un pequeño puente, hasta la Skala del puerto y las murallas, que dividen la ciudad en los distintos barrios, dos alcazabas, el mellah y una medina.

Essaouira

Essaouira es una preciosa ciudad amurallada del siglo XVIII. La antigua Mogador fue fundada en el siglo VII a.C. bajo el reinado de Jubal II, rey de Mauritania, y estuvo habitada por las tribus de Hahah y Chiadma. De origen cartaginés, fue ocupada por los griegos y por los portugueses, quienes dieron nombre a la ciudad y la desarrollaron urbanísticamente. En el siglo XVIII fue conquistada por los musulmanes, quienes le dieron su nombre actual. Allí tuvieron mucha importancia los judíos, que favorecieron el desarrollo de la artesanía y el comercio.

 

La parte moderna de la ciudad se remonta al año 1765, cuando el Sultán Si Mohammed Ben Abdellah la creó para competir con Agadir. Este encantador puerto, resguardado por unas sólidas murallas con vistas a una paradisíaca playa, da vida a una ciudad de una intensa vida comercial de la que no han podido retraerse personalidades de la talla del escritor Paul Claudel o el cineasta Orson Welles, que filmó en este lugar los exteriores de su popular Otelo.
Esta bella ciudad, con fama de ser la elegida por poetas y bohemios, es un lugar ideal para vivir, con una agradable temperatura media durante todo el año. Su playa se extiende sobre 6 kilómetros de arena fina y es frecuentemente visitada por los amantes de la pesca, ya que sus aguas son ricas en cangrejos, langostas, congrios y rayas, entre otras especies. Es una de las pocas ciudades que fue hecha sobre plano, por lo que recorrer sus zocos es bastante fácil. Destaca el Zoco de los Ebanistas, dedicado al cedro y la tuya, donde comprar un mueble o un tablero de ajedrez. Si desea comprar joyería, en la calle Sidi Mohammed Ben Abdallah encontrará las mejores muestras.
En primavera se celebra el Moussem de los Regragua, que consta de una peregrinación al monte Hadid. Es una de las fiestas más famosas de Marruecos. Allí se pasa por las tumbas de los Siete Santones, que fueron compañeros de Mahoma.

Lo que no puede perderse

Puerto
Está situado en el extremo de la playa y es todo un espectáculo contemplar los barcos y las redes dispuestos en los muelles. La Puerta de la Marina, erigida durante el sultanato alauita a finales del siglo XII, une los muelles de embarque del puerto y la ciudad. Desde esta puerta se llega, a través de un pequeño puente, hasta la Skala del puerto y las murallas, que dividen la ciudad en los distintos barrios, dos alcazabas, el mellah y una medina.

 

La medina
Callejuelas de mercaderes y plazas con terrazas y cafés moros (por ejemplo, la Plaza de Mulay el-Hassan y Bab el Sebaa) conforman esta parte de la ciudad, moldeada por marroquíes y lusos que mira atentamente hacia las intrincadas callejuelas que desembocan en la Plaza Bab el-Sebaa. Los joyeros y los orfebres se concentran en el callejón Siaguin, aunque ya no trabajan los materiales que antaño les hicieran famosos. Sin embargo, los artesanos de marquetería siguen hallándose en el mismo sitio que hace siglos, el lugar al que se accedía atravesando un pasadizo abovedado viniendo desde la Skala, la antigua plataforma de defensa de las murallas.

Museo de Sidi Mohammed Ben Abdallah
Rue Laalouj
Horario: abierto todos los días excepto los martes y los festivos, de 8:30 a 12:00 h. y de 14:30 a 18:00 h.
Se encuentra en una antigua residencia palaciega que alberga las más variadas y hermosas muestras del arte marroquí. Destacan diversos documentos sobre las canciones beréberes e instrumentos de cuerda decorados con marquetería gembris, utilizados por los músicos gnaouas para acompañar sus bailes. No deje de ver las colecciones etnográficas del piso superior. Junto a este museo se encuentra el Museo Ensemble Artisanal dedicado a las obras modernas de la artesanía local.

El Mellah
Al norte de la ciudad
La calle más popular del barrio judío o mellah es la calle Mohammed Zerktuni, rodeada por un pintoresco mercado que llega hasta la Bab Dukkala. Cerca de esta puerta encontramos un interesante cementerio europeo.

Islas Purpúreas y Mogador
Al sur de la ciudad
Frente a la costa, se localizan dos islotes rocosos en los que se asentaron en la época romana fábricas de púrpura. De esa época también se conservan una villa ricamente decorada y una fortaleza. Las islas, conocidas como las Islas Purpúreas, sólo se pueden visitar con autorización oficial, pues están protegidas como reserva natural. Cuentan con una reserva ornitológica que alberga gaviotas y halcones. En la isla de Mogador permanecen las ruinas de una antigua prisión de finales del siglo XIX.

Moverse por la ciudad

Autobús
Estación Central de Autobuses
Tel.: (+212) 44 78 35 30
Fax: (+212) 44 78 35 32

Datos útiles

Oficina de Turismo de Essaouira
Rue du Caire 10
Tel.: (+212) 04 47 67 04
Fax: (+212) 04 47 67 05
Horario: de lunes a viernes, de 9:00 a 12:00 h. y de 15:00 a 18:30 h.
Aquí encontrá información sobre horarios y mapas para visitar esta ciudad o las Islas Púrpureas.

Dónde comer

Para ir a comer podemos optar por los pequeños cafés beréberes y comer tayín o cuscús a precios módicos sentados al estilo tradicional. En el puerto podemos tomar sardinas, pescados o mariscos frescos.
En el Café Restaurante Essalam (Place May Hassan, tel.: +212 024 47 55 48) podemos disfrutar de una buena comida a buen precio. La Petite Algue (Rue Skala 26, tel.: +212 024 78 48 28) ofrece una buena comida y una decoración a base de objetos de cobre. Chalet de la Plage (Bv. Mohammed V, tel.: +212 024 47 59 72) está al pie del puerto y aquí podemos tomar marisco y pescado frescos. Por último el restaurante Khaima (Rue Laalouj-Place Chib Atbay) ofrece la posibilidad de tomar vino y cerveza con la comida.

Dónde dormir

Para alojarnos, existe un albergue-camping que dispone de una buena comida llamado Auberge de la Plage (Sidi Kaouki, a unos 15 kilómetros de la ciudad, tel.: +212 024 47 66 00), donde también puede dar clases de equitación, montar a camello y disfrutar de una buena comida marroquí o italiana elaborada con productos de la zona.
El hotel Mechouar (Av. Oqba Ibn Nafia, tel.: +212 44 47 58 28) tiene duchas con agua caliente en todas las habitaciones, al igual que el hotel Majestic (Derb Laâlouj 40, tel.: +212 024 47 49 09) dispone de duchas con agua caliente.
El Sahara (Av. Oqba Ibn Nafia, tel.: +212 024 47 52 92) es un hotel de dos estrellas. Villa Maroc (Rue Abdellah Ben Yacine 10, tel.: +212 024 47 61 47) ofrece unos baños árabes y tiene las habitaciones dispuestas alrededor de un patio. En el hotel de cuatro estrellas Des Iles (Bv. Mohammed V, tel.: +212 024 78 36 36) puede elegir hospedarse en una habitación o en un bungalow; además posee piscina, restaurante y nightclub. Riad Al Madina (Der Laalouj Al Attarin 9, tel.: +212 024 47 58 27) es un hotel muy moderno enclavado en un antiguo edificio del siglo XVIII. Antes era el hotel Du Pacha, muy conocido y de los mejores en los años 60 y 70.

 

Paseo por las calles de Essaouira

Essaouira, que también es llamada como Esauira, es una ciudad que se encuentra relativamente aislada del resto del país en la parte más occidental de Marruecos.

 

Esta población la encuentras en la provincia del mismo nombre, en la región de Marrakech-Tensift-El Haouz, y en este lugar puedes encontrar varias atracciones turísticas que te sorprenderán.

 

Muchos turistas prefieren esta ciudad sobre otras de Marruecos debido a su agradable brisa oceánica que hace que la temperatura sea más llevadera. Al ritmo de esta brisa puedes recorrer sus inmensas playas y sus rampas mientras miras las gaviotas volando sobre el mar y disfrutas del aroma tan característico del océano que puedes sentir en esta población.

 

Uno de los mejores planes que puedes hacer allí es disfrutar de su puerto, por ejemplo visitando el lugar cuando van llegando los barcos de sus faenas diarias con las canastas llenas de peces. En este lugar también puedes darte el placer de probar las comidas locales como las sardinas a la plancha recién salidas del mar o un poco de langosta, que tienen un sabor inigualable y te brindan una experiencia que nunca vas a olvidar.

 

Después puedes entrar hacia el pueblo a través de la puerta Bab El Marsa, por donde llegas a la Medina, donde debes visitar la Sqala que es la plataforma de artillería de las murallas, y desde su parte norte puedes ver toda la Medina y el océano. Después de mirar los cañones de estilo europeo que allí se encuentran, puedes caminar hacia las torretas que dan a la calle Por estas calles de Essaouira puedes encontrar una buena cantidad de talleres que fueron fundados en tiempos pasados por algunos de los artesanos y constructores de piezas de madera más famosos del reino. En ellos puedes entrar a mirar tanto las creaciones como las formas en las que los hacen, como aquellos objetos de madera que tienen unos tallados intrincados y que son tan famosos del lugar. Ya estando allí no olvides aprovechar para tomarte algo y probar platos locales en los restaurantes y cafés con terrazas que ofrecen una atmósfera encantadora.

 

Música gnawa en el Festival de Essaouira

 

Cada año, en la segunda semana de junio, se celebra en Essaouira un Festival de música del mundo, que se destaca especialmente por la presencia de la música gnawa, uno de los géneros fundamentales del folklore marroquí. Esta celebración se realizó por primera vez en 1997 y tomó impulso hasta convertirse en un festival de música de referencia que atrae a miles de personas de todo el mundo.

 

Essaouira es una ciudad situada en la costa atlántica del sur de Marruecos, a unos 300 Km. de Marrakech. No dejes de visitarla cuando viajes a Marruecos; saborearás sus deliciosos pescados, pasearás por sus bonitas calles, y si lo planificas con antelación, podrás asistir a fines de junio al Festival de Música del Mundo, y conocer la auténtica música gnawa.

 

Los Gnawa son descendientes de antiguos esclavos originarios de territorios del África subsahariana, que posteriormente se mezclaron con los árabes y bereberes de Marruecos y Argelia y fueron educados en hermandades (con un maestro y una vestimenta particular), llegando a crear un culto y una música donde se combinan íntimamente las expresiones religiosas y musicales del África negra, los bereberes y la espiritualidad islámica.

 

Estas hermandades se arraigaron en la cultura marroquí, particularmente en Essaouira, y los gnawa marroquíes adquirieron prestigio entre sus compatriotas, así como entre los turistas y los músicos occidentales.

 

El estilo de la música gnawa es cautivante. Las danzas y cánticos tienen un aspecto místico y religioso: es una música para el cuerpo y para el espíritu. Inclusive, suele suceder que los cantantes y bailarines, con sus “krakeb” (címbalos o crótalos de metal) y su percusión lleguen a entrar en trance.

 

Este tipo de música existe, con ciertas diferencias, en otros países del Norte de África; sin embargo, Marruecos es el único donde la música gnawa es interpretada también por grupos de mujeres de Essaouira. Tocan la música con “darbukas”, especie de bandejas de metal, y a veces con “krakeb”.

 

Durante las actuaciones del festival, un maestro (o “Maalem”) invita a un músico de jazz, pop, reggae o rock, a tocar juntos, y convierten el encuentro en una jam session, donde fusionan sus respectivas músicas en apasionantes improvisaciones. Músicos renombrados de varios países han participado de estos encuentros.

 

Fuera del ritual y las ceremonias místicas, algunos gnawas marroquíes, que no son maestros, ofrecen un espectáculo basado en su música a un público más amplio, dándole un carácter más festivo y de entretenimiento; introducen elementos de acrobacia, y dan a su vestimenta decorados y coloridos que las hacen más llamativas.

 

Escuchar música gnawa, presenciar sus danzas, es un motivo más para conocer y admirar la histórica y bella ciudad de Essaouira.

 

 

Essaouira:

    • Puerto
      Está situado en el extremo de la playa y es todo un espectáculo contemplar los barcos y las redes dispuestos en los muelles. La Puerta de la Marina, erigida durante el sultanato alauita a finales del siglo XII, une los muelles de embarque del puerto y la ciudad. Desde esta puerta se llega, a través de un pequeño puente, hasta la Skala del puerto y las murallas, que dividen la ciudad en los distintos barrios, dos alcazabas, el mellah y una medina.
    • La medina
      Callejuelas de mercaderes y plazas con terrazas y cafés moros (por ejemplo, la Plaza de Mulay el-Hassan y Bab el Sebaa) conforman esta parte de la ciudad, moldeada por marroquíes y lusos que mira atentamente hacia las intrincadas callejuelas que desembocan en la Plaza Bab el-Sebaa. Los joyeros y los orfebres se concentran en el callejón Siaguin, aunque ya no trabajan los materiales que antaño les hicieran famosos. Sin embargo, los artesanos de marquetería siguen hallándose en el mismo sitio que hace siglos, el lugar al que se accedía atravesando un pasadizo abovedado viniendo desde la Skala, la antigua plataforma de defensa de las murallas.
    • Museo de Sidi Mohammed Ben Abdallah
      Rue Laalouj
      Horario: abierto todos los días excepto los martes y los festivos, de 8:30 a 12:00 h. y de 14:30 a 18:00 h.
      Se encuentra en una antigua residencia palaciega que alberga las más variadas y hermosas muestras del arte marroquí. Destacan diversos documentos sobre las canciones beréberes e instrumentos de cuerda decorados con marquetería gembris, utilizados por los músicos gnaouas para acompañar sus bailes. No deje de ver las colecciones etnográficas del piso superior. Junto a este museo se encuentra el Museo Ensemble Artisanal dedicado a las obras modernas de la artesanía local.
    • El Mellah
      Al norte de la ciudad
      La calle más popular del barrio judío o mellah es la calle Mohammed Zerktuni, rodeada por un pintoresco mercado que llega hasta la Bab Dukkala. Cerca de esta puerta encontramos un interesante cementerio europeo.
    • Islas Purpúreas y Mogador
      Al sur de la ciudad
      Frente a la costa, se localizan dos islotes rocosos en los que se asentaron en la época romana fábricas de púrpura. De esa época también se conservan una villa ricamente decorada y una fortaleza. Las islas, conocidas como las Islas Purpúreas, sólo se pueden visitar con autorización oficial, pues están protegidas como reserva natural. Cuentan con una reserva ornitológica que alberga gaviotas y halcones. En la isla de Mogador permanecen las ruinas de una antigua prisión de finales del siglo XIX.

 

Impresiones camino de Essaouira

El embrujo de Marruecos se palpa en el jardín de Agdal, en los ‘riads’, en los hipnóticos ritmos bereberes y en el pueblo donde vivió Jimi Hendrix. Un laberinto de murallas, mezquitas y tiendas.

Cinco adultos, seis niños, ocho días, dos destinos (Marraquech y Esauira) y un único objetivo: intentar que todo el mundo lo pase bien.

Casi 1.500 kilómetros al sur de Madrid, nuestra época parece retornar siglos atrás, y el orden y la asepsia occidentales se transforman en un exótico caos de aromas árabes. En Marraquech pasaremos casi tres días; tiempo suficiente para que los que todavía no conocen la ciudad tengan un primer e interesante contacto con ella, y los que ya han estado allí alguna vez recuperen todas sus esencias. Entre la amplia oferta de hoteles funcionales, grandes hoteles de lujo y otros con encanto (riad), nosotros nos hemos inclinado por esta última opción. Los riads son antiguas casas palacio construidas alrededor de bellos patios o jardines interiores, con fuentes, que se han transformado en pequeños establecimientos hoteleros.

Hacemos un recorrido por los principales lugares que no habría que dejar de ver para hacerse una idea de lo que es y ofrece Marraquech: el circuito de las murallas, deteniéndose en algunas de sus puertas más importantes; el jardín de Agdal, enorme y precioso, repleto de olivos, naranjos, higueras…, que los reyes almorávides crearon en el siglo XII; la Kutubia, una de las más hermosas mezquitas no sólo de Marruecos, sino de todo el mundo árabe (su minarete es uno de los grandes símbolos de la ciudad y una de las más exquisitas obras de su tiempo, torre prácticamente gemela a la posterior giralda de Sevilla), y el mausoleo de los príncipes Saadíes, que exhibe algunas de las decoraciones en madera de cedro y mosaico más ricas y delicadas de Marraquech.

Entre los muchos palacios que también merece la pena visitar están los de El Badi, Bahia y Dar si Said. Más allá de las murallas, habría igualmente que conocer el jardín de Majorelle, un delicioso lugar lleno de estanques, palmeras, buganvillas…, creado en los años veinte por el pintor francés Jacques Majorelle; La Mamunia, un hotel construido en 1923 y que hoy sigue siendo uno de los más suntuosos palacios del mundo, y, finalmente, el jardín de La Menara, que, entre otras cosas, posee un gigantesco estanque en el que por la noche se realizan llamativos espectáculos de luz y sonido.

Después de esta agitada jornada, los chavales se quedan en la piscina del hotel y los mayores aprovechan para pasear por la quintaesencia de Marraquech: el zoco y la bulliciosa y singularísima plaza de Yemaa el Fna.

Al día siguiente, muy temprano, y mientras los demás todavía duermen, uno tiene un par de horas para curiosear cómo se despierta Marraquech, y cómo se inicia todo en la gran plaza y en el zoco. Restos de la noche anterior por todas partes, carromatos repletos de enormes pirámides de naranjas, y bereberes vestidos de blanco que te ofrecen un delicioso zumo recién exprimido; limpiabotas que aguardan impacientes a que lleguen los zapatos generosos que les ayudarán a subsistir; carros repletos de higos secos, dátiles, almendras…, que exhiben con orgullo colorista y geométrico su tentadora mercancía.

Essaouira-Mogador, la playa

Acabada nuestra estancia en Marraquech, nos vamos a Esauira, a un centenar de kilómetros hacia la costa atlántica. La ciudad actual, más allá de las murallas, no deja de crecer, mientras la Esauira de siempre está confinada en el interior del recinto fortificado que alberga la vieja medina; desde 2002, Esauira es patrimonio de la humanidad.

Del sitio de Esauira se tiene noticia desde el siglo VIII antes de Cristo, cuando los fenicios ya recalaban en sus costas. Más tarde, en el siglo I, Esauira y sus islas se hicieron famosas por su producción de púrpura. Un tipo de molusco llamado murice segrega la sustancia que colocó durante siglos a Esauira en un destacado lugar dentro del mapa del Imperio Romano.

Más tarde, el emplazamiento pasó a ser bereber y conocido como Amogdur, hasta que, a partir del siglo XV, los portugueses lo toman como base de su comercio africano y lo rebautizan como Mogdura. Tiempo después, los españoles lo llamaron Mogador. La actual denominación de Esauira, que quiere decir lugar fortificado, se la dio Mohammed Ben Abdalá en el siglo XVIII, cuando transformó y amuralló el enclave.

En Esauira, los hoteles más funcionales y al gusto occidental están más allá de las murallas. Sin embargo, los alojamientos con más carácter y sabor son los riads, situados dentro de la Ciudadela. Como en el interior de la medina y en todo el recinto amurallado, no está permitido circular con vehículos. Para trasladar el equipaje es preciso utilizar el servicio de porteadores que, con carretillas o carros, se mueven por el intrincado mundo de angostos pasadizos y callejuelas de la medina vieja.

Esauira tiene una preciosa y casi inacabable playa que se inicia al final del puerto y se prolonga en dirección sur hasta donde la vista pierde cualquier referencia. La arena es fina y dorada, y los alisios hacen de la zona un auténtico paraíso para la práctica o el aprendizaje del windsurf y el kitesurt, hacer footing matinal o caminatas vespertinas, o dar largos paseos diurnos o nocturnos en caballo o dromedario. Otra sugerente opción es alquilar un quad para disfrutar de una larga y maravillosa excursión por las dunas que flanquean la playa.

Ya en la ciudad, en cualquier momento del día, los paseos por la medina darán la oportunidad de curiosear toda clase de tiendas, puestos y tenderetes, y de comprar alguna pieza de fina marquetería en la que los artesanos de la zona son especialistas. En la judería o por los viejos zocos y casbahs, es posible que nos crucemos con algún grupo de músicos y danzantes interpretando antiguas canciones bereberes.

Cañones del siglo XVIII

Una vuelta por las murallas viendo la magnífica colección de cañones del siglo XVIII o la visita al puerto nos darán la ocasión de disfrutar de algunos de los momentos y algunas de las imágenes más espectaculares y con más sabor de todo el viaje.

El puerto de Esauira es uno de esos lugares que inspiran y siempre dejan ver algo distinto y sorprendente. Los viejos barcos pesqueros de apariencia arcaica se amontonan en apretadas formaciones junto a un ejército de pequeñas barcas que, en abigarradas acumulaciones, lo llenan todo de desgastados blancos y azules.

El puerto está poblado por la más ruidosa y numerosa colonia de gaviotas imaginable. Ingrávidas como cometas, se columpian en el aire, esperando el descuido de un pescador o el despiste de algún vendedor callejero, para arrebatarles cualquier pieza o despojo.

Hacia el suroeste, escasamente a media hora en lancha desde el puerto, se encuentra la isla de Mogador. Cuenta con una fortificación, una mezquita y una antigua prisión; pero, sobre todo, alberga, juntamente con el resto de las islas de la Púrpura, una de las mayores reservas de halcones de Eleanora del mundo.

Ya de vuelta a la medina, podemos tomar un respiro visitando un hamann, el típico baño moro donde relajarte, recibiendo un agradable masaje. Un buen sitio es el del hotel L’Heure Blue, un riad relais châteaux que, en cualquier caso, merece la pena visitar para tomar algo o cenar, porque pasa por ser el mejor establecimiento de Esauira.

Si quedan tiempo y ganas, podemos realizar alguna excursión por las proximidades de la ciudad. Relativamente cerca está Diabat, pequeño pueblecito bereber donde vivió Jimi Hendrix y lugar de cita de los hippies de la época. Algo más lejos está Safi, una interesante población costera con fortaleza portuguesa del siglo XVI. A 170 kilómetros hacia el sur, Agadir, una moderna ciudad y un tradicional destino turístico desde los años sesenta. Y si lo que preferimos es un lugar un poco más lejano, pero muy evocador, está Sidi Ifni, la capital de la antigua provincia española del Sáhara Occidental.

GUÍA PRÁCTICA

  • InformaciónTurismo de Marruecos en España (915 42 74 31; 934 53 20 38; http://www.turismomarruecos.com).- http://www.essaouira.com.-www.essaouiratourisme.com.
  • Cómo irEasyjet (www.easyjet.com; 807 26 00 26) vuela a Marraquech desde Madrid, a partir de 52,98 euros.
  • Air Europa (www.aireuropa.com; 902 40 15 01), ida y vuelta desde Madrid y Barcelona, a partir de 101,24 euros, tasas y cargos incluidos.
  • Iberia (www.iberia.com; 902 40 05 00), vuelos directos desde Madrid y Barcelona, 113 euros.
  • Royal Air Marroc (www.royalairmaroc.com;902 21 00 10) vuela desde Madrid y Barcelona. Ida y vuelta desde Madrid, a partir de 103,17 euros, todo incluido.
  • Ryanair (www.ryanair.com; 807 220 032), a partir del 2 de noviembre, entre Girona y Marraquech, ida y vuelta, desde 98,56 euros.

Visitas,

  • La Kutubia. Ave Mohammed V
  • El jardín de Majorelle (www.jardinmajorelle.com; 00212 024 30 18 52). Yacub al Mansur
  • El jardín de La Menara (00212 024 30 18 52). Avenida de la Menara (al oeste de Hivernage).
  • El jardín Agdal. Entrada gratuita. Abre de 8.30 a 17.30.

 

 

 

 

 

Mas Informacion,

 

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Agente: Faysal Mnawar

 

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